Por Rabino Max Godet, de Comunidad Israelita del Uruguay (Kehilá)
En el corazón de la tradición judía, Rosh Hashaná brilla como un faro de renovación, introspección y comunidad. Este momento sagrado marca el inicio de un nuevo año en el calendario hebreo, y su significado trasciende la mera celebración; es un llamado a la reflexión profunda y a la acción concreta.
En la mesa de Rosh Hashaná, se encuentran elementos simbólicos que tienen un poderoso significado en nuestra vida espiritual y cotidiana. El sonido del Shofar, un cuerno de carnero, nos despierta a la introspección y nos llama a un cambio profundo. Cada sonido del Shofar fortalece aspectos del alma, desde la fe hasta el deseo de mejorar y la voluntad de luchar por lo que es justo.
Los alimentos simbólicos, como la manzana con miel, nos recuerdan la dulzura de la vida y la importancia de saborear sus momentos más simples. La cabeza de pescado nos insta a liderar nuestras vidas y ser proactivos en la búsqueda de nuestros objetivos. La granada nos inspira a multiplicar nuestros méritos y buenas acciones, cultivando la generosidad y la bondad.
Los símbolos y el ritual desempeñan un papel fundamental en la vida humana. Son las piedras angulares de la cultura y la sociedad, conectando a las personas con su historia, sus creencias y sus aspiraciones. A través de los símbolos y de los rituales, las comunidades transmiten valores, normas y tradiciones de generación en generación. Rosh Hashaná, con sus elementos simbólicos como el Shofar y los alimentos, fortalece el sentido de pertenencia y comunidad entre los judíos. La observancia compartida de estos rituales crea una identidad colectiva y un lazo social que trasciende las diferencias individuales.
Estos elementos tienen un poderoso impacto en la mente humana. Representan un puente entre el mundo consciente e inconsciente, permitiendo la expresión de emociones profundas y deseos internos. Los rituales proporcionan estructura y significado a nuestras vidas, ayudándonos a lidiar con la incertidumbre y el cambio. Los símbolos y rituales también abordan preguntas fundamentales sobre el significado de la vida y la condición humana. Rosh Hashaná, con su enfoque en la introspección y la renovación, nos insta a cuestionar quiénes somos, cómo vivimos y qué buscamos en la vida.
Rosh Hashaná no es solo una celebración pasiva; es un llamado a la acción. Cada elemento simbólico nos exige hacer algo concreto para manifestar nuestros deseos y pensamientos. Al escuchar el Shofar, no solo oímos, sino que experimentamos su llamado profundo en nuestro ser. Al comer la manzana con miel, saboreamos la dulzura del deseo de un año bueno y dulce.
Que este nuevo año sea un período de unión, de construcción de puentes entre personas y comunidades, y de paz duradera. Que juntos podamos caminar hacia adelante, inspirados por los elementos simbólicos y fortalecidos por la comunión de espíritus afines, para crear un mundo más amoroso y significativo. Shana Tová umetuca: ¡Que tengan un año bueno y dulce, lleno de bendiciones y unión!
Rabino Max Godet
Gran Rabino de la Comunidad Israelita del Uruguay
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