Mientras el Primer Ministro musulmán de Malasia tenía que comerse el sombrero al notificarle el Comité Paralímpico Internacional que su país había perdido el derecho de ser el anfitrión del Campeonato Mundial de Natación Paralímpica por su negativa a permitir la participación de atletas israelíes, una delegación de rescate de las Fuerzas de Defensa de Israel emprendía camino hacia Brasil, a la zona del desmoronamiento de la represa. El odio del primero lo lleva a una pérdida a nivel nacional, que lo descalifica además para los Juegos Olímpicos de Tokio en el 2020. Y por otro lado, el desarrollo tecnológico, la destreza y seriedad profesionales y más que nada el espíritu humanitario, han convertido a la Unidad de Rescate del Frente de Retaguardia israelí, en la más esperada en lugares de desastre, donde todos saben que puede y quiere ayudar.
Fuente: http://www.cciu.org.uy/
