Pese a su corta edad, Noam está seguro de que el piano es un amor para toda la vida, y sueña con dirigir a las mejores orquestas del mundo. Mientras, derrota en los concursos a pianistas que tienen varios años más que él, pero también debe lidiar con vecinos nerviosos que arrojan huevos y pepinos a su casa. Noam Bengals tiene sólo 11 años, y ya sabe qué es lo que quiere hacer en la vida y cuál es su propósito. En realidad, Noam está convencido de que ya lo sabía cuando tenía 5 años. Cuando estaba en el jardín de infantes, Bengals sabía que su amor al piano era para siempre.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

El joven Mozart israelí