Un músico de calle ameniza sin tregua con su ocarina a los no pocos turistas que disfrutan de las bellas vistas sobre el puerto, a la derecha, y la ciudad, a la izquierda. A su lado, una discreta estatua humana llama también la atención de los visitantes, aunque no tanto como las hileras de bolsos expuestos en el suelo por los vendedores ambulantes, al fondo, frente a la terraza del chiringuito. Bajos sus pies, escondida entre las mil formas del característico mosaico que cubre la plaza, entre la escultura de piedra en homenaje a la sardana y el mirador, una pequeña estrella de seis puntas es tal vez la única pista física, casi imperceptible, que recuerda lo que el lugar fue durante cinco siglos: el gran cementerio judío de la ciudad.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

El cementerio judío de Montjuïc