El tren de Florencia a Roma tardaba unas horas. Ranuccio Bianchi Bandinelli tenía tiempo de sobra para pensar. Así que se sumergió en una tormenta de ideas. Tenía 38 años y el peso de la Historia en sus hombros. Por la ventana, veía la primavera de 1938. Por dentro, discutía con el destino. Hacía falta alguien que acompañara a Hitler y Mussolini en la visita del Führer por el Lacio y la Toscana. Hombre mundano, experto de arte romano y arqueólogía, con un alemán fluido y la afiliación al partido fascista, Bandinelli era perfecto. Salvo por un detalle, que en Roma desconocían: había jurado fidelidad a la dictadura solo para seguir ejerciendo como profesor. En él, en realidad, ardía el fuego del antifascismo. El mismo que le sugirió la idea de incendiar también a los dos dictadores. Así lo confesó ese día a su diario: “Si un atentado doble puede ser organizado, esta es la ocasión”.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

El arqueólogo que fantaseó con asesinar a Hitler y Mussolini