La región del Sahel se ha convertido en un punto caliente global para el terrorismo, con al-Qaeda y el Estado Islámico (ISIS) explotando las redes de contrabando transaharianas para expandir su influencia. Mientras los grupos terroristas exploten las redes de comercio ilícito, el riesgo de su expansión hacia el norte de África y Europa sigue siendo peligrosamente alto. Crédito foto: Reuters

Un informe reciente del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) destaca cómo estos grupos yihadistas están aprovechando las rutas de comercio ilícito para mantener sus operaciones, representando una creciente amenaza para el norte de África y, en última instancia, para Europa.

Al-Qaeda y ISIS se han infiltrado profundamente en las redes de contrabando transaharianas, facilitando el movimiento de armas, drogas y militantes en toda la región. Grupos como Jama’a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM) y el Estado Islámico en el Gran Sahara colaboran con actores locales, especialmente en Níger y Malí, para fortalecer sus operaciones.

Esta integración no solo financia sus actividades, sino que también brinda un apoyo logístico crucial para su expansión. La dependencia de redes de contrabando permite a estas organizaciones terroristas eludir las medidas de seguridad tradicionales.

Los vastos y mal gobernados espacios del Sahara ofrecen un santuario para las operaciones yihadistas, lo que hace que los esfuerzos antiterroristas sean cada vez más difíciles sin una cooperación regional integral.

El enraizamiento de grupos terroristas en redes de contrabando tiene implicaciones de gran alcance. Estos grupos dependen de secuestros por rescate, a menudo en coordinación con elementos criminales locales, fortaleciendo aún más su alcance.

Esta creciente conectividad entre facciones yihadistas y el comercio ilícito aumenta el riesgo de ataques externos, con el norte de África y Europa como principales objetivos.

Países como Argelia, Túnez y Marruecos enfrentan riesgos significativos debido a esta creciente presencia yihadista.

Los gobiernos del norte de África han estado preocupados durante mucho tiempo por la infiltración terrorista a través de las vastas fronteras desérticas que los separan del Sahel.

Libia, un país que todavía lucha con la inestabilidad política, sigue siendo un punto débil importante, ya que sus territorios ingobernables continúan sirviendo como criaderos de extremistas.

La inteligencia reciente sugiere que JNIM puede estar cambiando su estrategia, alejándose potencialmente de Al-Qaeda para enfocarse en objetivos económicos dentro de las redes transaharianas.

Si JNIM sigue este curso, podría intentar rebrandarse como una insurgencia más localizada en lugar de una extensión de una red yihadista global.

Esta estrategia se asemeja a la de los talibanes en Afganistán y Hay’at Tahrir al-Sham en Siria, ambos se han posicionado como movimientos nacionalistas en lugar de entidades terroristas internacionales.

Sin embargo, cualquier cambio ideológico por parte de JNIM no necesariamente disminuiría su capacidad operativa.

Dependencia de contrabando para financiamiento

La profunda dependencia del grupo en el contrabando para financiamiento asegura que incluso si se aleja de Al-Qaeda, sigue siendo una amenaza formidable capaz de sostener sus actividades.

Estados Unidos reconoce al Sahel como un frente clave en los esfuerzos globales contra el terrorismo.

Iniciativas como la Asociación contra el Terrorismo Trans-Sahara proporcionan un apoyo vital a los gobiernos regionales, mejorando su capacidad para combatir las amenazas terroristas.

La asistencia estadounidense incluye la formación de fuerzas de seguridad, la mejora de las capacidades de inteligencia y el fomento de la cooperación regional.

Sin embargo, los esfuerzos de Estados Unidos en el Sahel enfrentan desafíos crecientes.

La capacidad de adaptación de los grupos yihadistas, en particular su dependencia de redes de contrabando, exige un enfoque más integral.

Si bien las operaciones militares, incluidos los ataques con drones y las misiones de fuerzas especiales, apuntan a líderes terroristas de alto valor, una estrategia a largo plazo debe abordar factores subyacentes como la pobreza, la gobernanza débil y la corrupción.

El panorama de seguridad en evolución en el Sahel destaca la necesidad de una colaboración internacional más sólida.

Estados Unidos, en colaboración con aliados europeos y africanos, debe perfeccionar su estrategia contra el terrorismo para combatir las amenazas interconectadas del terrorismo y el crimen organizado.

Las principales prioridades deben ser interrumpir las redes de contrabando, fortalecer la seguridad fronteriza y abordar las vulnerabilidades socioeconómicas que los yihadistas explotan.

Francia, que históricamente ha liderado los esfuerzos antiterroristas en el Sahel, enfrenta una creciente resistencia por parte de los gobiernos regionales.

Mali y Burkina Faso, por ejemplo, han cambiado hacia una asistencia de seguridad rusa a través del Grupo Wagner en lugar de la ayuda de seguridad occidental.

Este cambio ha complicado los esfuerzos antiterroristas, ya que la presencia de Wagner se ha relacionado con abusos de derechos humanos y tácticas de desestabilización que pueden beneficiar involuntariamente a organizaciones yihadistas.

Para Estados Unidos, mantener estrechas asociaciones de seguridad con Marruecos, Túnez y Argelia es crucial. Estos estados del norte de África actúan como un amortiguador contra la propagación del terrorismo desde el Sahel hacia el Mediterráneo y Europa.

El apoyo continuo de los Estados Unidos, ya sea en intercambio de inteligencia, ayuda militar o iniciativas de desarrollo económico, será vital para prevenir una mayor desestabilización.

El surgimiento de grupos yihadistas en el Sahel y su explotación de redes de contrabando transaharianas representan un desafío de seguridad en crecimiento que exige una acción sostenida y coordinada.

Estados Unidos debe tomar medidas

Estados Unidos debe seguir desempeñando un papel líder en ayudar a los aliados regionales a contrarrestar estas amenazas.

La fuerza militar por sí sola no es suficiente; un enfoque más amplio que se dirija a las causas fundamentales de la inestabilidad es necesario para evitar que el Sahel se convierta en una plataforma de lanzamiento para operaciones yihadistas globales.

La seguridad del norte de África está inextricablemente vinculada a los acontecimientos en el Sahel.

Mientras los grupos terroristas exploten redes de comercio ilícito, el riesgo de su expansión hacia el norte de África y Europa sigue siendo peligrosamente alto.

Una estrategia proactiva y cooperativa, que incluya medidas militares, de inteligencia y económicas, es esencial para proteger a la región de la próxima gran ola de terrorismo global.

*El autor, es integrante del Foro del Medio Oriente, es un analista de política y escritor con sede en Marruecos.

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Cómo ISIS y al-Qaeda se están expandiendo por el norte de África

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