Salomón “Lalo” Vilensky es un uruguayo-israelí radicado desde hace décadas en el kibutz Farod, Director del parque industrial Dalton en Israel y quien también ha trabajado para organismos similares en Uruguay, como Zonamérica. Acá nos deja desde sus redes sociales un mensaje dirigido a las mujeres y otro en el que compara la situación de la comunidad homosexual en Israel y en los países árabes.
Un mensaje importante a las mujeres, desde Israel
Estimadas mujeres del Uruguay, de América Latina y el mundo, especialmente las que se consideran sinceramente feministas.
Les comparto información que es importante conocer siempre. y muy especialmente ahora,
Me dirijo a ustedes para exponer una realidad que muchas veces pasa desapercibida: la diferencia abismal entre la vida de las mujeres en los países árabes y la vida de las mujeres en Israel. A través de datos concretos, quiero mostrarles cómo los derechos y oportunidades de las mujeres en estas dos realidades son diametralmente opuestos.
Participación Política
En los países árabes, la representación femenina en los parlamentos ha sido históricamente baja. En 2005, solo el 6.5% de los parlamentarios árabes eran mujeres. Aunque algunos países han avanzado, como Argelia (32%) y Túnez (22%), la mayoría sigue rezagada.
En contraste, Israel ha sido pionero en la región en cuanto a participación política femenina. En 1969, Golda Meir se convirtió en la primera ministra de Israel, siendo una de las primeras mujeres en liderar un país en el mundo. Actualmente, las mujeres ocupan alrededor del 30% de los escaños en la Knéset (parlamento israelí), y han desempeñado roles clave en la Corte Suprema, el ejército y el sector tecnológico.
Educación y Participación Económica
En los países árabes, entre el 34% y el 57% de los graduados en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son mujeres, lo que demuestra que tienen talento y capacidad. Sin embargo, la participación femenina en la fuerza laboral es la más baja del mundo, con solo el 27%, y en países como Yemen, la cifra es prácticamente inexistente.
En Israel, la realidad es completamente diferente. Las mujeres israelíes tienen acceso a la educación en igualdad de condiciones con los hombres y representan una parte significativa de la fuerza laboral, incluyendo sectores clave como tecnología, medicina y ciencia. Israel es conocido como la “Startup Nation”, y muchas de esas startups están fundadas o dirigidas por mujeres.
Derechos y Libertades
En Arabia Saudita, hasta 2018, las mujeres no podían ni siquiera conducir. Aún hoy, están sujetas a un sistema de tutela masculina que les impide tomar decisiones básicas sin el permiso de un hombre. En muchos países árabes, las mujeres pueden ser castigadas por “deshonrar” a sus familias, y la violencia de género es un problema grave con pocas consecuencias legales para los agresores.
Mientras tanto, en Israel, las mujeres gozan de plena igualdad legal. Pueden votar, postularse para cargos públicos, divorciarse libremente y no necesitan la aprobación de un tutor masculino para tomar decisiones sobre sus vidas. Las mujeres israelíes sirven en el ejército junto a los hombres, algo impensable en la mayoría de los países árabes.
Violencia y Seguridad
En Marruecos, solo el 3% de las mujeres agredidas se atreven a denunciar. En Egipto, a pesar de estar prohibida, la mutilación genital femenina afecta al 91% de las mujeres de entre 15 y 49 años. En países como Irán y Arabia Saudita, las mujeres pueden ser arrestadas por no usar correctamente el velo islámico.
En Israel, las mujeres tienen protecciones legales contra la violencia de género y el acoso. Si bien aún hay desafíos, el Estado de derecho protege a las víctimas y castiga a los agresores. La sociedad civil y las ONG juegan un papel clave en garantizar los derechos de las mujeres y denunciar cualquier abuso.
Conclusión
La diferencia es clara. Mientras en los países árabes las mujeres luchan por derechos básicos, en Israel las mujeres tienen plena libertad para estudiar, trabajar, liderar y vivir sin miedo. Para quienes defienden los derechos de las mujeres, debería ser evidente qué modelo es el que garantiza igualdad y dignidad.
Por eso, me resulta completamente ilógico ver marchas y manifestaciones feministas en favor de las mujeres palestinas como si vivieran oprimidas por Israel, cuando los números dicen algo completamente diferente. Si realmente se preocupan por los derechos de las mujeres en Medio Oriente, ¿por qué no protestan contra los regímenes árabes que las condenan a una vida de sumisión?
Sobre la situación de la comunidad LGBTQ+ en Israel y países árabes.
La verdad que nunca me dediqué a escribir post
Este espero que sea el último por razones de género pero la ignorancia en este tema me obliga a escribir
Estimados
La situación de la comunidad homosexual en los países árabes y en Israel es un tema que merece un análisis detallado, no solo por su relevancia en materia de derechos humanos, sino por las profundas diferencias que existen entre ambas realidades. A continuación, les presento un post con ejemplos concretos para ilustrar cómo se vive la homosexualidad en estas regiones.
En los países árabes: Represión y peligro constante
En la mayoría de los países árabes, ser homosexual implica vivir bajo una amenaza constante. En naciones como Arabia Saudita, Irán y Yemen, la homosexualidad es un delito grave castigado con la pena de muerte. Por ejemplo, en Arabia Saudita, la policía religiosa tiene autoridad para detener a personas por “comportamiento inmoral”, lo que incluye cualquier expresión de afecto entre personas del mismo sexo. En otros países, como Egipto, Marruecos y Jordania, no existe una ley específica que prohíba la homosexualidad, pero las autoridades recurren a cargos vagos como “inmoralidad pública” para perseguir a la comunidad LGBTQ+. Un caso claro ocurrió en Egipto en 2017, cuando decenas de personas fueron arrestadas por ondear banderas arcoíris durante un concierto, enfrentando detenciones y humillaciones públicas.
La violencia también es una realidad palpable. En zonas de conflicto como Irak y Siria, grupos extremistas han ejecutado a personas acusadas de ser homosexuales, a menudo arrojándolas desde edificios o asesinándolas en público, mientras las autoridades locales hacen poco o nada para detenerlo. En Líbano, aunque hay un tímido movimiento activista, la discriminación sigue siendo abrumadora: las personas LGBTQ+ enfrentan rechazo familiar y social, y las leyes no ofrecen ninguna protección real. En los territorios palestinos, la situación es igualmente sombría. En Gaza, controlada por Hamás, la homosexualidad es ilegal y puede ser castigada con severidad, mientras que en Cisjordania, las actitudes conservadoras obligan a muchos a ocultar su identidad para evitar agresiones o el ostracismo.
En Israel: Libertades y aceptación
Por otro lado, Israel presenta un panorama completamente opuesto. La homosexualidad fue despenalizada en 1988, y desde entonces, el país ha implementado políticas que garantizan derechos y libertades para la comunidad LGBTQ+. Por ejemplo, desde 1993, las personas homosexuales pueden servir abiertamente en el ejército, un contraste radical con los países vecinos donde esto sería impensable. Israel también reconoce las uniones civiles entre personas del mismo sexo y permite la adopción por parejas homosexuales, avances que lo colocan a la vanguardia en la región.
La aceptación social es otro punto fuerte. Tel Aviv se ha convertido en un símbolo mundial de inclusión, acogiendo cada año un desfile del orgullo gay que reúne a miles de participantes, tanto locales como turistas. Este evento no solo es una celebración, sino una muestra del respaldo institucional: existen leyes que protegen contra la discriminación y la violencia homofóbica, y el activismo LGBTQ+ es activo y visible, con organizaciones que trabajan por la igualdad y la inclusión en todo el país.
Conclusión: Un contraste innegable
En resumen, la diferencia entre los países árabes e Israel en cuanto a la comunidad homosexual es abismal. Mientras en los primeros predomina la represión, la criminalización y la violencia, en Israel se disfrutan libertades, protecciones legales y una aceptación social que, aunque no perfecta, marca un estándar muy distinto. Este contraste no solo refleja realidades culturales y políticas, sino que también plantea preguntas sobre el futuro de los derechos humanos en la región.
Saludos,
Lalo Vilensky
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