Cuando Eliezer Itzhak Perelman tenía cinco años, murió su papá y su mamá lo mando a estudiar a un ‘Jeder”, en Luzki Belarus. A los trece años fue a una Yeshiva, cuyo rabino admiraba la Ilustración –haskalah- en secreto y expuso al joven a esa manera diferente de estar en el mundo. Más tarde encontraría la idea de un renacimiento nacional judío. Eliezer descubrió una gramática de hebreo y se sintió cautivado por la fascinación de aprender hebreo hablado, cotidiano: un idioma literario nuevo.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

No hay nación sin un idioma común