Era el 13 de abril de 1942. Al frente tenía a un soldado que en el último lustro pudo haber sido su mejor amigo o simplemente un subordinado. “Yo solo actúo como un ser humano que no quiere hacerle daño a nadie”, le escribió Anton Schmid a su esposa. Y seguramente mientras le recordaban las causas que lo llevaron a ser condenado, el cabo que estaba a cargo de uno de los guettos de Vilna habría de recordar que la bondad lo llevó a la muerte, a la inclemente injusticia que se camuflaba en los ideales de un ejército que mataba a diestra y siniestra por no ser de raza aria y por desconocer los principios que Adolf Hitler promulgaba como mandamientos.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

La historia del cabo nazi que fue fusilado por salvar a los judíos