El problema no es Jerusalén, ni tampoco que Donald Trump haya reconocido su condición de capital de Israel. El problema no es Jerusalén, porque reconocer su capitalidad no daña unas inexistentes negociaciones de paz. El problema no es Jerusalén, ciudad histórica del pueblo judío y a su vez historia de Occidente. El problema no es Jerusalén. Esa ciudad ha sido, es y será la capital de Israel

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

El problema no es Jerusalén