Desde que leí por primera vez a Isaac Bashevis Singer, he sentido una infinita curiosidad por todo lo que rodea a los judíos. Me acuerdo que sus “Cuentos judíos” cambiaron la percepción de ese mundo que para mí era tan aburrido como mi propia religión católica. Todavía me río cuando leo el cuento “El día en que me perdí” o “Los tontos de Chelm y la carpa estúpida”, o me conmuevo con “Neftalí, el narrador, y su caballo Sus”.
Fuente: http://www.cciu.org.uy/
La dicha de aprender
