En 2011, durante una visita a la serena ciudad uruguaya de Paysandú, tuve el gusto de cenar con David Fremd, quien hace unos meses fue allí asesinado por un judeófobo que lo acuchilló bajo el grito de que, como bien se sabe, «Alá es grande». El crimen, que por su novedosa virulencia debería haber conmovido al país, fue recibido con relativa apatía. Los medios no se preguntaron si el asesinato hubiera podido evitarse, y probablemente al soslayar esa pregunta revelaron parcialmente la respuesta. La judeofobia no discrimina: mata. Estalla esporádicamente después de un período de latencia que va agravándose a medida que se condona la demonización del judío.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/

Filosofía del mal olor