Cuarenta y dos años después de mi primera visita, la pequeña puerta verde del número 263 de la calle Prinsengracht está cerrada. Los turistas se turnan para sacarse fotos en lo que alguna vez fue la entrada a la casa de Ana Frank. El viento helado me hace olvidar que ya es primavera en Ámsterdam, mientras me acomodo, como un simple eslabón, en la fila que lleva el turno de las 16.15. Algunos desprevenidos se muestran desilusionados cuando el guardia les niega la posibilidad de entrar sin reserva previa. Del otro lado de aquélla pequeña puerta verde una frase me golpea: «Alguna vez terminará la guerra. Alguna vez dejaremos de ser judíos para convertirnos en seres humanos».
Fuente: http://www.cciu.org.uy/
Una visita a Ana Frank
