Se sacó la indumentaria de gaucho (bombachas, botas, sombrero y cinto de hebilla grande) y se fue a fumar un cigarrillo al fondo del restorán de Tel Aviv donde trabajaba de mozo. Ahí ensayó un soliloquio que le resultaría muy fructífero. Se dijo a sí mismo que él no estaba para eso y se preguntó qué era lo que más quería hacer, qué era aquello por lo que pagaría para trabajar. Y él mismo se contestó: periodista deportivo. Como no se sentía ducho para hacerlo en hebreo, se dio cuenta que era la excusa perfecta para volver al país. A los 27 años, el joven rubio de ojos celestes que estaba vestido de gaucho y que de chico aprendió a tocar el tamboril entre los negros de Sur y Palermo, pegó la vuelta y cuando vio una puertita abierta en el básquet, se metió. Hoy es, quizás, el periodista deportivo con mayor exposición mediática.
Fuente: http://www.cciu.org.uy/
