El dolor del rostro de Samia el día de su liberación dice más que cualquier relato que ella pueda dar de sus casi cuatro años de cautiverio. En el video que guarda como recuerdo de aquel día uno de sus familiares, se ve a una mujer absolutamente destruida que mira con pánico a las mujeres que la abrazan. Detrás de ella un niño con jersey rojo no deja de observarla con asombro, la frialdad con la que recibe los abrazos de los familiares deja en evidencia que el pequeño no entiende bien lo que sucede a su alrededor. Es el menor de sus tres hijos, todos liberados aquel día. Apenas tenía tres años en agosto del 2014, cuando el ISIS atacó la región de Sinjar, en Irak, asesinó a miles de hombres y se llevaron con ellos miles de niños y mujeres que fueron vendidas como esclavas sexuales.
Fuente: http://www.cciu.org.uy/
